José María Maciá “El parricida de Elche”


333En el anterior artículo veíamos un delito en el cual toda la culpa de los crímenes que allí sucedían los tenía una casa y no una mente enferma como la que mostramos a continuación la cual culpa de sus actos a la cocaína y al alcohol.

Un hombre mata a martillazos a su compañera y a sus dos hijos.

El suceso ocurrió el 13 de abril del 2005 cuando a las 8,30 se hallaron los cuerpos de Teresa Asunción M. T. de 34 años y de sus dos hijos de 6 y 2 años en su vivienda, sita en el cuarto piso del número 62 de la calle Pablo Picasso, en el barrio del Pla de Elche.

José María M. M., el padre de familia, se dio a la fuga y fue detenido por la policía tres horas después. No tenía antecedentes de malos tratos ni de ningún otro tipo, confesó ser el autor.

Según fuentes de la investigación, había contraído muchas deudas y era consumidor habitual de alcohol y cocaína, aunque acudía a la Unidad de Conductas Adictivas (UCA) de Elche para superar ambas adicciones.

José María que trabajaba para una empresa de asfaltado, indicó en su confesión ante la policía, que el día anterior a los hechos se marchó de copas a la localidad alicantina de Mutxamel con un compañero cuando ambos terminaron su jornada laboral, sobre las 20.00 horas.

Regresó a su casa a la 1.00, todos dormían, al parecer los golpeó con una maza, el niño de 2 años que dormía plácidamente en su cuna tampoco escapó a una muerte tan atroz.

Después siguió relatando ante la policía, que salió a la calle, donde le esperaban un amigo y la persona que les suministraba la droga (camello).

Se dirigieron a un club de alterne que había a las afueras de Elche, hacia las 4:00 de la mañana se marchó a la pedanía de la Matola, donde residían sus padres, tenía la intención de coger más dinero para continuar la fiesta, sin motivo alguno golpeó con un objeto contundente a su compañero de trabajo, a quien llevó posteriormente a urgencias para una cura. Después regresó al piso de sus padres, sus manos estaban manchadas de sangre.

A su llegada un hermano lo convenció para que se fuese a su casa e incluso lo acompañó, sin saber lo que encontraría. Éste, no quería que su hermano entrara en casa y descubriera el crimen. En el quicio de la puerta le golpeó y huyó. Tomó un taxi y llegó a Torrellano, donde se compró ropa nueva y zapatos, intentó sacar dinero y cortarse el pelo. Ahí fue detenido.

El 13 de abril de 2008 fue el aniversario de aquel parricidio que conmocionó a la opinión pública. Tanto el Ministerio Público como los letrados de las acusaciones particular y popular, respectivamente Ricart Sala y Antonio Martínez Camacho, dejaron claras sus posturas tanto en los informes previos como en su interrogatorio al triple parricida. Los tres querían demostrar que no había consumido tanta cocaína, ni bebido tanto alcohol, sino que sabía perfectamente lo que hacía y además, quería hacerlo.

El fiscal tuvo muchas dificultades para que el acusado respondiera a muchas de sus preguntas. Cuando entraba en contradicción o se daba cuenta que podía perjudicarse, el abogado defensor Mariano Trillo, quería demostrar “enajenación mental”.

En el juicio el parricida hizo todo tipo de estrategias para que se le rebajase la pena, lo más insólito fue lo que relatamos a continuación.

Su declaración, que duró unas tres horas, se llevó a cabo a golpes de “actuó el pecado que moraba en mí” y “el pecado, roba, mata y destruye”.

Según decía, Cristo se le había aparecido y lo había perdonado, afirmó ser una persona nueva que nació el 25 de abril del 2005 cuando se convirtió.

En el juicio hubo 3 testigos que demostraron que apenas consumió, bebió o estuvo agresivo, Javier G. M. y Antonio A. O. que fueron con él esa noche y la dueña del prostíbulo.

Martínez Camacho, por su parte, dirigió toda su artillería para evidenciar que Maciá no tomó tanta droga y era totalmente consciente de sus actos cuando terminó con la vida de su familia.

Los tres acusadores pidieron 60 años por los tres asesinatos.


El hermano de la víctima declaró que los mató porque eran un impedimento para sus fiestas y ya no tenía escusas para su recaída en las drogas, el alcohol y el juego.

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